This is rambling POTUS accusing the Dumocrats and calling them communists, an old and tired McCarthy tactic.
THE OLD ACCUSATION: MCCARTHYISM WEARS A NEW SUIT
Words have histories. Politicians who forget this are dangerous. Politicians who exploit it are worse.
On the stage of the rescheduled White House Correspondents' Association Dinner, the President called the opposition party communists. It is a charge with a pedigree, Joseph McCarthy rode it to a Senate seat's worth of infamy in 1950, waving a list of names he claimed were card-carrying subversives in the State Department. History remembers how that ended: censure, ruin, and a word "McCarthyism" that became shorthand for accusation as substitute for evidence.
Here is the inconvenient arithmetic Trump's rhetoric skips past. The Democratic Party was founded in 1828, its roots reaching back further still to Jefferson's Democratic-Republicans. That makes it 198 years old. The Republican Party, born in the ferment of 1854 to oppose the expansion of slavery, is 172. Karl Marx and Friedrich Engels did not publish The Communist Manifesto until 1848 twenty years after the Democratic Party's founding. The Bolsheviks would not seize the Winter Palace for another eighty-nine years. To call the party of Jackson and Jefferson "communist" is not just an insult; it is a chronological impossibility, a charge unmoored from the calendar itself.
But rhetoric doesn't need to survive a fact-check to do its work. It needs only to be repeated.
Which brings us to Foggy Bottom, and to a 100-page document released July 20 bearing a title with the subtlety of a hammer and sickle: "Cuba: The Capital of 21st Century Communism." The State Department's report casts Havana as the ideological headwaters of a "long war of attrition" against Western civilization itself, and names 43 Americans and organizations it claims are tied to that campaign Mayor Zohran Mamdani, Los Angeles Mayor Karen Bass, Rep. Maxine Waters, journalist Amy Goodman, and a co-founder of Ben & Jerry's among them.
Some of the connective tissue is thin enough to see through. Mamdani's alleged sin, per the report, is that during his 2025 campaign he did not publicly denounce a Democratic Socialists of America tribute referencing Assata Shakur a single omission, elevated to evidence of foreign subversion. This is the McCarthy method exactly: not proof of coordination, but proximity dressed as complicity. A name on a list does the work that an indictment cannot.
None of this means Cuba's history is innocent, or that the island's decades of exporting revolutionary support to guerrilla movements across the hemisphere are fiction the report's historical catalogue, whatever its present-day overreach, draws on a real record. The dishonesty is not in remembering Havana's past. It is in using that past as a net wide enough to catch a sitting mayor, a public radio journalist, and an ice cream entrepreneur, and calling the catch a conspiracy. This tactic is old. Only their target is brand spanking new.
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LA VIEJA ACUSACIÓN: EL MACARTISMO SE VISTE DE NUEVO
Las palabras tienen historia. Los políticos que lo olvidan son peligrosos. Los que la explotan son peores.
En el escenario de la cena reprogramada de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, el Presidente llamó comunista al partido opositor. Es una acusación con linaje propio: Joseph McCarthy la cabalgó hasta la infamia en 1950, blandiendo una lista de nombres que, según él, eran subversivos infiltrados en el Departamento de Estado. La historia recuerda cómo terminó aquello: censura, ruina, y una palabra "macartismo" que pasó a significar acusación sin evidencia.
Aquí está la aritmética incómoda que la retórica de Trump pasa por alto. El Partido Demócrata se fundó en 1828, con raíces que se remontan aún más atrás, al Partido Demócrata-Republicano de Jefferson. Eso lo hace tener 198 años. El Partido Republicano, nacido en el fervor de 1854 para oponerse a la expansión de la esclavitud, tiene 172. Karl Marx y Friedrich Engels no publicaron El Manifiesto Comunista hasta 1848 veinte años después de la fundación del Partido Demócrata. Los bolcheviques no tomarían el Palacio de Invierno hasta ochenta y nueve años más tarde. Llamar "comunista" al partido de Jackson y Jefferson no es solo un insulto; es una imposibilidad cronológica, una acusación desanclada del propio calendario.
Pero la retórica no necesita sobrevivir a una verificación de datos para cumplir su función. Solo necesita repetirse.
Lo cual nos lleva a Foggy Bottom, y a un documento de 100 páginas publicado el 20 de julio con un título de sutileza tan fina como un martillo y una hoz: "Cuba: La Capital del Comunismo del Siglo XXI." El informe del Departamento de Estado presenta a La Habana como la fuente ideológica de una "larga guerra de desgaste" contra la civilización occidental misma, y nombra a 43 estadounidenses y organizaciones que, según afirma, están vinculados a esa campaña —entre ellos el alcalde Zohran Mamdani, la alcaldesa de Los Ángeles Karen Bass, la representante Maxine Waters, la periodista Amy Goodman y un cofundador de Ben & Jerry's.
Parte del hilo conector es lo bastante delgado como para ver a través de él. El presunto pecado de Mamdani, según el informe, es que durante su campaña de 2025 no denunció públicamente un homenaje de los Socialistas Democráticos de América que hacía referencia a Assata Shakur una sola omisión, elevada a evidencia de subversión extranjera. Este es exactamente el método McCarthy: no prueba de coordinación, sino proximidad disfrazada de complicidad. Un nombre en una lista hace el trabajo que una acusación formal no puede hacer.
Nada de esto significa que la historia de Cuba sea inocente, ni que las décadas de la isla exportando apoyo revolucionario a movimientos guerrilleros por todo el hemisferio sean ficción el catálogo histórico del informe, más allá de sus excesos actuales, se apoya en un registro real. La deshonestidad no está en recordar el pasado de La Habana. Está en usar ese pasado como una red lo bastante amplia para atrapar a un alcalde en funciones, a un periodista de radio pública y a un empresario de helados, y llamar conspiración a esa captura.
La táctica es vieja. Solo los blancos son nuevo.